2. Conceptos básicos

2.1. El sistema endocrino

2.2. La personalidad

2.3. La motivación

2.4. La empatía y otras habilidades sociales

2.5. Emociones y sentimientos

2.6. Expresión de emociones y sentimientos

Antes de entrar a analizar el Modelo de la Arquitectura Emocional, vamos a detenernos brevemente a describir algunos elementos que constituyen el tejido emocional humano y que la psicología lleva décadas analizando. Es importante comprender bien dichos elementos porque forman parte del modelo.

2.1. El sistema endocrino

Las hormonas son los mensajeros químicos del cuerpo, controlan numerosas funciones y circulan a través de la sangre hacia los órganos y los tejidos. Su implicación en la conducta y en nuestros sentimientos es enorme. A continuación señalamos las principales:

  • OxitocinaEs una hormona esencial para la creación del vínculo entre el bebé y sus progenitores. También ayuda a regular diferentes conductas adaptativas; como las conductas sociales, y patrones de funcionamiento sexual. Se relaciona con diversos trastornos como la depresión, esquizofrenia y trastornos de ansiedad ya que es un elemento clave en la regulación del estrés. El autismo está asociado con bajos niveles de producción de Oxitocina.
  • Testosterona. Es la hormona sexual masculina y regula el deseo sexual. Bajos niveles de testosterona en el organismo se relacionan con obesidad, diabetes, osteoporosis, depresión y disfunción eréctil. Un alto grado de testosterona puede producir agresividad.
  • Adrenalina. Podemos definirla como la “hormona de la activación”. Entre sus funciones principales destaca la supervivencia. Nos permite estar alerta ante cualquier peligro y desencadena las conductas necesarias en caso de huida o lucha. Un exceso de adrenalina puede provocarnos estrés crónico y trastornos de ansiedad, ansiedad generalizada o ataques de pánico. Además, se correlaciona con diversas afecciones cardiovasculares, obesidad, insomnio y un déficit en el sistema inmunológico.
  • Estrógenos. Es la hormona sexual femenina. Bajos niveles dan lugar a la menopausia y pérdidas de memoria. Sus funciones son proteger el sistema cardiovascular y regular el deseo sexual. Las alteraciones en los niveles de estrógenos pueden provocar irritabilidad, cambios de humor frecuentes y depresión. 
  • También son muy importantes los efectos de la vasopresina que se le relaciona con la función memorística (imágenes, y memoria a corto y largo plazo), la melatonina que regula el sueño y nuestro reloj biológico, y la tiroxina que juega un papel importante en el estado de ánimo y salud mental. Niveles bajos de tiroxina se han asociado a trastornos bipolares y depresión.

Los niveles hormonales constituyen el TIPO D de nuestro modelo.

2.2. La personalidad

La clasificación de los tipos de personalidad que hace el Eneagrama también agrupa a las personas según el modo en que gestionan sus sentimientos:

  1. Perfeccionista. Siente la necesidad de hacer lo correcto y teme cometer errores. En consecuencia es ético, ordenado, exigente, meticuloso y moralista. 
  2. Servicial. Es amigable, sentimental, compasivo, generoso y dependiente. Necesita sentirse querido e indispensable. Quiere agradar y complacer a los demás; teme ser rechazado. Camarero.
  3. Triunfador. Es práctico, competente, ambicioso, vanidoso y ejecutor. Busca brillar, el éxito, obtener prestigio y ser admirado. Teme fracasar y sentir que no vale. Artista.
  4. Sensible. Es creativo, romántico, intenso y temperamental. Busca ser auténtico y conectar profundamente con los demás, aunque teme sentirse menos y ser abandonado o rechazado. Actor.
  5. Pensador. Es observador, analítico, reservado, frío y solitario. Busca entender el mundo que lo rodea y, al mismo tiempo, ser independiente y teme sentirse invadido por los demás. Mucha capacidad de análisis. Analista.
  6. Leal. Es responsable, confiable, comprometido, cauteloso, obediente e indeciso. Busca seguridad y consistencia; teme a lo desconocido, al sentimiento de no poder hacer algo solo y a ser traicionado. Médico.
  7. Entusiasta. Es ingenioso, divertido, soñador, aventurero, superficial, rebelde e hiperactivo. Busca aventuras, nuevos proyectos e ideas. Teme los enfrentamientos, el compromiso, el dolor y el sufrimiento. Relaciones públicas.
  8. Líder. Es protector, asertivo, líder, impositivo, impulsivo y controlador. Busca controlar su territorio y sentirse poderoso. Teme abrir sus emociones y que los otros lo vean débil, así como ser traicionado por alguien. Director.
  9. Pacificador. Es conciliador, adaptable, relajado, distraído y rutinario. Busca mantener la paz física y mental. Teme ser rechazado o no querido si impone su postura. Psicólogo.

La personalidad constituye el TIPO S de nuestro modelo.

2.3. La motivación

Uno de los estados internos (o sentimientos) que influyen con mayor fuerza en nuestra conducta es la motivación. Se trata de una sensación de ánimo, de fortaleza, de capacidad, de ganas, de ilusión. Una fuerza que a veces nos invade y es ahí cuando logramos nuestras mayores gestas. Pero otras veces nos abandona y entonces nos quedamos abatidos, sin energía, reduciéndose enormemente nuestra actividad. La importancia de la motivación es tal que constituye por sí sola un tipo de nuestro modelo (TIPO M), como veremos más adelante.

Dicho con más rigor, la motivación es la causa que genera el movimiento de un ser vivo para lograr algo. Esta variable reúne la fuerza o energía necesarias y además determina la dirección de ese movimiento. Y no se trata de un acto volitivo, es decir, que no elegimos las cosas que nos motivan. Detengámonos en esta afirmación:

Cuando entramos en una tienda con la idea de comprar una camisa, somos capaces de identificar aquella que nos gusta. Sin embargo, -y he aquí la clave- no somos dueños de elegir nuestro gusto. Nos gusta la camisa azul, por ejemplo, pero no podemos cambiar nuestro gusto. Podríamos acabar comprando otra camisa de otro color, en base a otros criterios, como el precio o la adecuación a los fines que deseamos darle a la prenda. Pero seguirá gustándonos la azul. Caben aquí múltiples análisis, como los relacionados con la influencia de las campañas de marketing, las tendencias innatas, o la influencia de los grupos sociales que resultan significativos para nosotros. Pero sea como fuere, lo cierto es que es muy difícil, si no imposible, elegir cuál es nuestro gusto.

Además, la energía que puede llegar a generarse en nuestro interior, cuando realmente nos sentimos muy motivados para alcanzar un objetivo, es increíble. Colosales hazañas humanas se han logrado en base a esa energía interna. Y esto es algo que tampoco está en nuestra mano elegirlo. Cuántos alumnos desearían tener la misma energía que se les genera al estudiar su asignatura favorita, cuando se enfrentan a esa materia que tanto les aburre. De modo similar, una persona enamorada es capaz de increíbles proezas para conquistar a su amad@ sin demasiado esfuerzo.

Aunque también podemos enamorarnos por la música, por el cine, o por las matemáticas. Y aunque elegir este gusto no está en nuestra mano, sí que hay cosas que podemos hacer. Como por ejemplo, aprender a desligarnos de los estereotipos. Precisamente, las matemáticas es una de las disciplinas con mayores prejuicios, pese a que existen enfoques tan mágicos, que podrían lograr que muchos alumnos se aficionaran a ellas. Pensemos en los atractivos enigmas del número áureo, del número pi, o de su aplicación a la música…

Uno no puede aprender a enamorarse. Pero puede refinar el gusto. En muchas ocasiones, basta con aprender a evitar las influencias desmotivadoras.

2.4. La empatía y otras habilidades sociales

Las habilidades sociales son un conjunto de destrezas interpersonales que la persona va adquiriendo a lo largo de toda su vida y que definirán en gran medida su éxito en todos los ámbitos. Ellas conforman la inteligencia emocional, fundamental para gestionar nuestras vivencias y nuestras interacciones, así como para expresar nuestros sentimientos.

Entre estas habilidades destaca la capacidad de posicionamiento, que nos permite mantenernos firmes a nuestros criterios y principios de forma flexible, es decir, sin llegar a ser dogmáticos, siendo capaces de integrar nuevos aprendizajes y desarrollar nuevos conceptos para comprender y adaptarnos al entorno cambiante en el que vivimos. Otra habilidad esencial es la asertividad, una competencia útil para expresar de forma adecuada y adaptativa lo que realmente sentimos y pensamos. Y obviamente nuestra capacidad para la gestión de conflictos determina una parte importante del éxito de nuestras interacciones. 

Pero quizá la principal habilidad social sea la empatía, que viene a ser la aprehensión del sentimiento del otro. Sentir lo que él siente, contagiarnos de su emoción. Esto es muy eficaz para comprender a nuestros semejantes de forma profunda y adaptarnos al clima emocional que impera en la interacción.

Gran parte de eso que aprehendemos del otro es no verbal y lo procesamos de forma inconsciente, por lo que resulta muy difícil protegernos de ese “contagio”. Podemos sentirnos muy contentos y, al hablar con alguien que está triste, perder nuestra alegría. Podemos estar tranquilos y contagiarnos de la ansiedad de otro. Incluso podemos sentirnos afectados por los sentimientos que experimenta el personaje de un libro o de una película. 

Somos como esponjas; absorbemos los sentimientos que se generan a nuestro alrededor. Incluso, como demuestran los estudios, los sentimientos pueden contagiarnos a través de las redes sociales.

De todas estas habilidades sociales dependerá nuestro éxito laboral, el número y calidad de nuestras amistades, el desarrollo de nuestra relación de pareja, nuestra autoestima… Digamos también que estas habilidades requieren la participación de las regiones más evolucionadas de nuestro cerebro. En términos matemáticos, se trata de cálculos y estimaciones enormemente complejas.

Las destrezas en empatía, asertividad, posicionamiento y gestión de conflictos constituyen el TIPO G de nuestro modelo.

Por otra parte, el análisis empático constituye el TIPO I de nuestro modelo.

2.5. Emociones y sentimientos

Las emociones son reacciones afectivas ante determinados estímulos, que pueden ser externos, algo que vemos o vivimos, o internos, como un pensamiento o un recuerdo. Las emociones desatan un conjunto de respuestas hormonales y neuroquímicas que producen un estado de activación, impulsándonos a la acción inmediata. Existen 6 tipos de emociones básicas: el miedo, la ira, el asco, la tristeza, la sorpresa y la alegría.

Por su parte, los sentimientos generan las mismas respuestas fisiológicas y psicológicas que las emociones, pero tienen incorporada una evaluación consciente. Es decir, implican la toma de conciencia y valoración de la emoción y la experiencia afectiva que estamos viviendo.

Por tanto, las principales diferencias entre emociones y sentimientos son:

  1. Duración. Las emociones son estados transitorios que vienen y van con relativa rapidez. Los sentimientos, en cambio, son estados afectivos más estables a lo largo del tiempo. La alegría, por ejemplo, es una emoción, mientras que el amor es un sentimiento.
  2. Orden de aparición. Los sentimientos son el resultado de las emociones, de manera que estas suelen antecederlos. La alegría, por ejemplo, puede transformarse en felicidad y la atracción en amor.
  3. Intensidad. Las emociones suelen ser más intensas que los sentimientos ya que su principal objetivo es predisponernos a la acción. Los complejos procesos de valoración que suelen intervenir en los sentimientos le restan un poco de intensidad.
  4. Nivel de procesamiento. Las emociones se dan de forma inconsciente, generando una respuesta casi inmediata, mientras que los sentimientos, al demandar más tiempo para su formación, se procesan de manera consciente.
  5. Grado de regulación. Las emociones son estados afectivos difíciles de controlar ya que generan reacciones psicofisiológicas automáticas. No podemos contener completamente emociones como el miedo o la alegría, por ejemplo, ya que apenas las experimentemos estas se manifestarán a través de microexpresiones. Los sentimientos, al contrario, se pueden gestionar mejor a lo largo del tiempo, buscando estrategias para expresarlos de manera más asertiva.

No obstante, emociones y sentimientos suelen ser difíciles de separar en la práctica ya que allí donde hay un sentimiento suele haber diferentes emociones y viceversa.

Comprender las diferencias entre emociones y sentimientos nos ayuda, sin embargo, a no sentirnos culpables por nuestras primeras reacciones emocionales. También nos enseña a no aferrarnos a ellas, de manera que aquellas desagradables puedan desaparecer de forma tan natural como han aparecido.

Veamos una lista aproximada de las emociones y sentimientos existentes:

Emociones y sentimientos agradables: Alegría, Amor, Afecto, Compasión, Generosidad, Gozo, Júbilo, Esperanza, Admiración, Libertad, Logro, Justicia, Agradecimiento, Aceptación, Acompañamiento, Bondad, Apreciación, Benevolencia, Orgullo, Amabilidad, Alivio, Empatía, Integridad, Humildad, Apego, Aprobación, Concentración, Suficiencia, Armonía, Honestidad, Templanza, Tolerancia, Motivación, Felicidad, Firmeza, Fortaleza, Autonomía, Honorabilidad, Solidaridad, Optimismo, Satisfacción, Seguridad, Comprensión, Simpatía, Cariño, Pasión, Estima, Entusiasmo, Respeto, Paz, Placer, Compromiso, Fervor, Encanto, Competencia, Plenitud, Omnipotencia, Euforia, Éxtasis, Ilusión, Apoyo, Contento, Interés, Confianza, Alborozo, Cuidado, Dignidad, Enérgico, Vitalidad, Complacencia

Emociones y sentimientos desagradables: Tristeza, Melancolía, Abandono, Aburrimiento, Abuso, Necesidad, Ausencia, Desmotivación, Susto, Amargura, Angustia, Agresión, Agobio, Vacilación, Ansiedad, Asco, Venganza, Valentía, Fastidio, Vergüenza, Vacío, Hastío, Hostilidad, Humillación, Menosprecio, Mezquindad, Temor, Terquedad, Terror, Traición, Molestia, Abrumado, Lástima, Manipulación, Miedo, Fobia, Fracaso, Fragilidad, Frustración, Furia, Soledad, Imperturbabilidad, Parálisis, Rencor, Rabia, Recelo, Pudor, Desprotección, Miseria, Pavor, Preocupación, Prepotencia, Pesimismo, Incongruencia, Pena, Pereza, Pesadumbre, Odio, Enfado, Engaño, Estrés, Perdido, Enjuiciamiento, Enojo, Envidia, Ofendido, Espanto, Entristecimiento, Estupor, Impaciencia, Desconfianza, Impotencia, Desconcierto, Incapacidad, Incompatibilidad, Incomprensión, Desventura, Indignación, Inestabilidad, Infelicidad, Inferioridad, Injusticia, Destrucción, Desamor, Insatisfacción, Inseguridad, Insuficiencia, Intolerancia, Ira, Irritación, Celos, Culpabilidad, Censura, Cólera, Contrariedad, Dependencia, Depresión, Derrota, Desaliento, Desamparo, Desánimo, Desasosiego, Desconsideración, Abatimiento, Desconsuelo, Desdicha, Resquemor, Desencanto, Desesperación, Desgano, Desilusión, Desolación, Petrificación, Desorientación, Desprecio, Hambruna, Desprestigio, Desvalimiento, Devaluación, Dolor, Disgusto, Lástima, Desidia, Disforia, Exasperación, Remordimiento, Agravio, Obnubilación, Aflicción, Decepción

Emociones ambivalentes: Nostalgia, Añoranza, Lujuria, Unidad, Atracción, Alarma, Asombro, Valentía, Alteración, Soberbia, Vulnerabilidad, Valoración, Tentación, Paciencia, Sorpresa, Ambivalencia, Ternura, Deseo, Timidez, Tranquilidad, Arrepentimiento, Paranoia, Turbación, Frenesí, Confusión, Serenidad, Sometimiento, Sumisión, Sosiego, Rebeldía, Rechazo, Pertenencia, Compromiso, Dicha, Repugnancia, Resentimiento, Reserva, Persecución, Obligación, Ostentación, Excitación, Dominación, Extrañeza, Inconformidad, Incredulidad, Resignación, Indiferencia, Intrepidez, Intriga, Invasión, Impulsividad, Calma, Consuelo, Inquietud, Correspondencia, Curiosidad, Cercanía, Congoja, Titubeante, Desdén, Regocijo, Exaltación, Condescendencia, Ecuanimidad, Apatía, Inspiración, Seriedad, Trance, Obstinación, Arrojo, Perplejidad

2.6. Expresión de emociones y sentimientos

La expresión de las emociones y de los sentimientos es muy similar en todas las culturas, por lo que cualquier persona, sea del lugar que fuere, podría entender con inmediatez y precisión lo que está sintiendo otro ser humano, con sólo mirarle.

Por ello, dicha expresión se sirve, además del lenguaje verbal, de comunicación no verbal. Esto significa que el lenguaje corporal (expresiones faciales, movimientos de manos, hombros, brazos, etc.) está profundamente implicado en esta tarea.