3.1. El Modelo de la Arquitectura Emocional

Principios

Nos encontramos en los albores del desarrollo de la IA Emocional. Los avances que hasta la fecha se han llevado a cabo en este campo tienen que ver principalmente con la recopilación y el uso de datos emocionales capturando las reacciones emocionales de las personas en tiempo real por medio de rutinas de identificación:

  1. Decodificar expresiones faciales
  2. Analizar los patrones de voz
  3. Escanear los correos electrónicos en busca del tono del lenguaje
  4. Monitorear los movimientos oculares
  5. Medir los niveles de inmersión neurológica

Sin embargo, esto sólo es el comienzo. Hasta la fecha carecemos de un modelo que permita a los programadores recrear o reproducir, mediante un software, la interacción afectiva con humanos, puesto que todavía no somos capaces de comprender todas las variables que determinan este proceso. De igual modo carecemos de un modelo que permita programar la comprensión de los conceptos por parte del emobot.

En el equipo de Aeda Health Services, con el proyecto Emobotics, nos proponemos crear dicho modelo, al que denominamos Modelo de la Arquitectura Emocional. Nuestro objetivo es reproducir de forma fiel la arquitectura del tejido emocional humano y su funcionamiento a la hora de establecer relaciones con nuestros semejantes, con el fin de aplicar dicha arquitectura a los robots. El Modelo de la Arquitectura Emocional reproduce todas las variables que constituyen el tejido emocional, tales como las habilidades sociales (empatía o gestión de conflictos), la influencia del sistema endocrino (hormonas), del tipo de personalidad, de la propia motivación, etc.

Con todo ello logramos recrear una interacción hombre-máquina enormemente realista, capaz de aprender y perfeccionarse con las siguientes versiones. Para ello, tenemos en cuenta los siguientes principios.

 

Primer principio del MAE (Modelo de la Arquitectura Emocional): La inteligencia es la capacidad del individuo para adaptarse emocionalmente al medio

Por una parte, digamos que existen muchas definiciones acerca de lo que realmente es la inteligencia, y por otra parte, añadamos, que en casi ningún caso, la programación de IA es coherente con tales definiciones. En nuestro caso vamos a emplear la definición más consensuada y la que, a mi juicio, es más acertada: «Inteligencia es la capacidad del individuo para adaptarse al medio«. Esto no tiene necesariamente que ver con que pueda aprender, o qué es el aprendizaje, etc., etc. De hecho, tan sólo implica una parte activa del bot. ¿Cómo va a ser inteligente un sujeto pasivo que espera a que le pregunten para responder? El bot ha de tratar de adaptarse. ¿Para qué?…

Sin embargo, hemos de añadir un matiz a esta definición «emocional!», puesto que todos estaremos de acuerdo en que una persona puede tenerlo todo (salud, dinero y amor, como suele decirse), todo lo que representaría una buena adaptación al medio, y sin embargo, sentirse infeliz, incluso no sentir deseos de vivir. Sólo cuando esa adaptación sea emocional, podremos decir realmente que la persona experimentará una existencia equilibrada (homeostática) y feliz. Es lo que se llama, inteligencia emocional (término acuñado por Daniel Goleman en 1995).

Segundo principio del MAE: Toda conducta realizada por un ser humano tiene un origen, un objetivo y un significado puramente emocional

El punto de partida de nuestro modelo es, como se ha demostrado en capítulos anteriores, que toda conducta realizada por un ser humano tiene un origen, un objetivo y un significado puramente emocional. Y esto ocurre con el resto de animales también. Imaginemos que le digo a mi perro «¿Vamos a la calle?» Inmediatamente el animal pegará un brinco, moverá el rabo de un lado al otro, correrá hasta la puerta de la casa, mostrará una gran alegría y excitación. Analicemos este proceso de comprensión, porque estoy seguro de que el can no sabe que una calle es una «Vía de una población que generalmente queda limitada a ambos lados por bloques o filas de edificios», como bien define el diccionario. Sin embargo, el perro ha reconocido, no sólo unos fonemas correspondientes a la palabra «calle», sino que también ha reconocido un tono de voz, unos gestos en mí, en mi rostro. Probablemente, si le reprendiese: «¡Perro malo! ¡Te has portado mal!», pero en lugar de esas palabras usara la palabra «Calle», el perro entendería otra cosa bien distinta: «¡Calle, calle, calle, calle!». Probablemente, el perro no se pondría contento, por el contrario se asustaría y bajaría la cabeza. Esto hemos de tenerlo muy en cuenta a la hora de empezar a pensar en cómo comprendemos las cosas las personas y el resto de los animales.

Tercer principio del MAE: Toda conducta está originada por la necesidad de satisfacer una necesidad -emocional- o, dicho de otro modo, aliviar una carencia -emocional-.

Como veremos en el punto 3.4., Maslow definió perfectamente la jerarquía de las necesidades humanas. Sin embargo, lo cierto es que las personas no «necesitamos» alimentarnos, por ejemplo, sino evitar la sensación de hambre. Esta pequeña puntualización demuestra el sustrato emocional de nuestra existencia.

Cuarto principio del MAE: La coherencia en las relaciones interpersonales dependen de la estabilidad o permanencia emocional.

Para comprender cualquier mensaje, hemos de conocer el contexto. A este contexto nosotros lo llamamos escena.  Por otra parte, ha de existir una coherencia emocional a lo largo del tiempo. Esto determina desde la personalidad de un ser humano, como su estado de ánimo en un momento determinado.